Una brazada de cuatro horas
Carlos Peña se subió al pódium de los vencedores tras completar a nado y de espaldas diecinueve kilometro del rio Sella, en una prueba <<bastante fría, pero muy agradable>>
El nadador guipuzcoano Carlos Peña es el primero en completar el Descenso del Sella sin piragua y en la modalidad de nado a espaldas. A pesar del buen tiempo, llego helado a la meta pero contento por el resultado.
Media hora después de su llegada y recién salido de una ducha bien caliente, el nadador de largas distancias Carlos Peña aun tenía el frio metido hasta los huesos. Eran casi las doce del mediodía cuando el aventurero guipuzcoano se lanzo al Sella desde el puente de Arriondas. Acompañado de sus inseparables e imprescindibles ayudantes, Joki Porce y Jesús Remírez, y de un clima veraniego <<que no nos lo esperábamos por nada del mundo>>, se alegra, inicio una travesía en la que en todo momento conto con los consejos y apoyo del equipo de pupilos del piragüista y miembro de la Cultural de Ribadesella, José Ramón Cerra.
Media hora más tarde se encontró ya a tres kilómetros de la salida, donde recupero fuerzas con algo de agua que le proporcionaron sus compañeros. Todavía estaba fresco, iba a un buen ritmo y, aunque el nivel del caudal estaba un poco bajo, <<Carlos está tranquilo, no hay grandes corrientes y el aguaba en su mismo sentido, aunque pueden cambiar las cosas>>, explico desde la piragua su amigo Joki.
A los ocho kilómetros, llevaba ya más de una hora y media en el agua, la temperatura de su cuerpo todavía estaba bien, <<aunque ya va bajando poco a poco>>, comento en esta ocasión Jesús Remírez, quien definió el estado de ánimo del nadador como <<muy bueno, por el buen tiempo y porque no está encontrando demasiados problemas por el camino>>.
El esfuerzo y la distancia empezaron a hacer mella en Carlos Peña a tan solo unos cinco kilómetros de la meta.
Eran las tres de la tarde cuando el frio empezó a calar en sus huesos y los rápidos se rebelaron para darle algún que otro susto.
Por fin llego. A las cuatro y diez de la tarde, tras cuatro largas horas de travesía, Carlos Peña se subió al pódium de la escollera y recibió una placa de recuerdo. <<Tengo los pies helados y bastantes golpes y rozaduras en la espalda por el bajo nivel del agua en algunas zonas, pero estoy muy contento, ha sido una experiencia muy especial>>, aseguro.
Carlos Peña, aunque acostumbrado a largas distancias –en junio de 1999 recorrió los 927 kilómetros del Ebro- no considera la hazaña de ayer como un paseo. Para este nadador de 36 años, <<todas las pruebas tienen su dificultad. Esta para mí ha sido muy especial, porque me he sentido apoyado por los vecinos de aquí y me llevo un gran recuerdo>>, conto a su llegada.
El monstruo del lago Ness
Una de las hazañas que recuerda con mayor intensidad es la de los treinta y nueve kilómetros del lago Ness, en Escocia. Cuando Carlos Peña que <<estaba muy oscuro y había tormenta. Los lugareños me habían contado historias sobre el monstruo del lago y los primeros minutos no dejaba de pensar en el, aunque enseguida me centre, porque de esa manera no llegaba vivo>>, añade.
Otros ríos
El rio Ebro, el Miño, el estrecho de Gibraltar, cien horas en el mar Cantábrico, los 220 kilómetros del lago Titicaca, estrecho de Magallanes, el embalse de Alcántara –el más largo de Europa- y ahora el Sella, forman parte, entre otros, de la larga lista de primeras marcas de este nadador afincado en Lodosa, Navarra.
Experiencias para contar tiene infinitas. Muy poca gente sabe que Carlos Peña realizo el descenso del rio Neretva en pleno conflicto bélico de los Balcanes y con una temperatura media del agua de dos grados. <<Tuve que pedir permiso a los dos ejércitos. Conté con la colaboración de los cascos azules españoles y de la Cruz Roja Internacional>>, saborea Carlos recordando la aventura. La finalidad de esta expedición fue el traslado y reparto de 25.000 kilos de alimentos, ropa y comida recogidos por la ONG Solidaridad Navarra Internacional.
Todas las hazañas que el deportista ha emprendido han sido motivadas por uno de estos dos principios, la satisfacción personal y la ayuda humanitaria. El rio Ebro, lo atravesó en 25 etapas para recaudar dinero para los afectados por el huracán Mitch.
Periódicos: ORIENTE domingo 25 de noviembre de 2001 |