Carlos Peña ha sido el primer hombre en atravesar el lago Titicaca nadando por su vertiente más larga
“Ya se lo comente a los compañeros bolivianos que difícilmente podremos superar esta travesía, para mí ha sido el sumun”, asegura Carlos Peña que acaba de regresar de culminar la hazaña más importante que ha realizado al ser el primer hombre que ha atravesado a nado el lago Titicaca en su vertiente más larga de 180 kilómetros, de Puno (Perú) hasta Puerto Pérez (Bolivia) y con una altitud de más de 3.810 metros.
Este guipuzcoano, afincado en Lodosa y acompañado en la expedición por los navarros Joki Orce (coordinador) y Jesús María Remirez (masajista), ha invertido en la travesía 60 horas en 14 etapas, que finalizaron el pasado 27 de octubre, con un promedio de seis horas diarias en el agua a una temperatura de 10 grados. “Estoy muy satisfecho porque se ha roto el mito del Titicaca, ya que mucha gente ha muerto en ese lago y se considera sagrado. Nadie había conseguido atravesarlo así. Antes de empezar ya nos dijeron que era imposible recorrer esa distancia nadando por las dificultades del lago, que nos la quitáramos de la cabeza y nos aconsejaron que lo intentáramos a lo ancho (el estrecho de tiquina de 3 kilómetros), que solo tenga 60 kilómetros. Pero, a pesar de las dificultades, lo conseguimos”, comenta el nadador.
Record y riesgos
Aunque es todo un record, Carlos Peña no entrara en el guinness, ya que la distancia la recorrió a espaldas, y así no se registra. “Nado a espaldas porque es mi estilo y es una postura cómoda, en la que se va más despacio, te permite estar más tiempo en el agua; pero también tiene sus desventajas porque es fácil quemarse la cara y me entra mucha agua en la boca. Mi objetivo era conseguirlo y ahí está, sinceramente lo del guinness es secundario”, comenta Carlos, cuyos labios todavía quemados denotan parte de todas las dificultades a las que la expedición ha tenido que hacer frente.
Si bien estaban avisados de las dificultades del Lago, que se embravece mucho conforme pasa el día, tuvieron la suerte de que la climatología no les impidió salir en ninguna jornada, aunque para ello tuvieran que levantarse a las 5 de la mañana y saltar al agua para las 8. Según Carlos, “luego se forma mucho viento y las olas, muy grandes, te impiden avanzar”. Además el traje de neopreno le causo heridas molestas durante las nueve primeras etapas, y según confiesa, lo pasaba mal cuando tenía que ponérselo de nuevo, hasta que mejoraron con una secante.
Conocer otra cultura
Para aprovechar el día, Carlos comía en el agua, mientras sus acompañantes lo hacen en la embarcación y por la noche dormían donde podían. “Solo las dos últimas noches dormimos en hotel, ya que los demás días lo hicimos en casas de campesinos o escuelas, que nos acogían bien. Lo único que pedí fue no dormir en la embarcación, porque ahí no descanso nada”, explica este guipuzcoano que ha regresado, como sus compañeros, muy satisfecho. Además de conseguir un hito, han podido acercarse a la cultura Aimara, por donde ha discurrido la travesía y desean una próxima aventura por Sudamérica.
EL RETO DE LAS TRAVESIAS
Todos los preparativos comenzaron hace un año cuando se pusieron en contacto con la Embajada de Bolivia en España. Después, todo ha consistido en atar los cabos sueltos y organizar la tan esperada aventura. Una vez allí, los integrantes de la expedición han contado con el apoyo incondicional de la Secretaria Nacional de Turismo Boliviana, la Armada de Guerra Peruana y la Fuerza Naval Boliviana, esos dos últimos organismos aportaron además las embarcaciones que acompañaban a Carlos.
Por si fuera poco, la gente se ha volcado con ellos en todo momento, “a pesar de estar incomunicados en muchas de las jornadas, nos han apoyado recibido y animado en todos los lugares de forma asombrosa”, comenta este guipuzcoano, de 30 años, para el que las travesías son todo un reto.
Dejo el atletismo y paso a nadar. Hasta ahora, con este su historial deportivo, con el que comenzó en el 89, ha recorrido Logroño-Zaragoza en seis días, el Miño entero, 340 kilómetros en 14 días. 400 kilómetros con el Sella y el Miño, el lago Ness en dos días, el Estrecho de Gibraltar en 7 horas y 8 minutos y este año nado en Bosnia-Herzegovina una travesía de dos días con ayuda de los cascos azules, en misión de paz.
Periódico: DIARIO DE NOTICIAS domingo, 5 de noviembre de 1995
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